Cusco

Puente Qeswachaka

La arquitectura inca es una de las más sorprendentes del mundo y lograron que su ingeniería fuera más allá. Muestra de ello es esta peculiar pieza, considerada como el último puente inca.

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Puente Qeswachaka

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Puente Q´eswachaca

Uno de los regalos más preciados que nos ha dado el inca es este puente colgante que yace sobre el río Apurímac. Hecho a base de paja brava o ichu icho, esta maravilla es renovado año tras año mediante un rito ejecutado por las comunidades de Winch'iri, Chaupibanda, Ccollana Quehue y Perccaro. Por eso, no pierdas la oportunidad de cruzar sus 28 metros de largo lo que hará que vivas la adrenalina al máximo en esta hermosa construcción inca.

Cuatro lagunas

El circuito de las cuatro lagunas se encuentra en la provincia de Acomayo, a 107 km de la ciudad del Cusco. La conforman Pomacanchi, Acopia, Asnaqocha y Pampamarca. Entre sus atractivos están la abundancia de pastos naturales y peces. 

Volcan pequeño en Pabellones, Yanaoca

Este pequeño volcán de aproximadamente 4 metros de diámetro se ubica en la zona de pabellones del distrito de Tungasuca, lo que llama la atención a visitantes y locales por su singular tamaño ya que es considerado el más pequeño del mundo.

Una tradición que para las comunidades campesinas de Huinchiri, Chaupibanda, Choccayhua y Qollana Quehue ha subsistido durante más de cinco siglos gracias a la intercesión de la divinidad. «Si no construimos un nuevo puente cada año, nos arriesgamos a provocar la ira de la Pachamama (Madre Tierra en quechua) y de los Apus (fuerzas tutelares de la naturaleza)», “Lo usemos o no, nos exponemos a sufrir catástrofes naturales que pueden arruinar nuestras cosechas de papas, habas, trigo o cebada, e incluso a desdichas como la enfermedad o la muerte», cuenta María Quispe, una anciana de 60 años que participa desde su niñez en tal misión.

Antes de realizar el tejido del puente, se realiza un pago a la tierra, donde el Paqo o Sacerdote, elabora un altar de tela con motivos indígenas en el que deposita hojas de coca, fetos de llama y alimentos que se ofrecen a la Pachamama, ya que como cualquier humano tiene hambre y es obligación de sus “hijos” (pobladores), saciarla. El Paqo dice que antes de la renovación del puente, los Apus, le indican cada año cuál es su apetito, pues sus gustos evolucionan y no siempre debemos pagarle con el mismo “manjar”, al que se invita igualmente a los Apus para implorar su protección y evitar accidentes durante la renovación.

Las mujeres permanecen alejadas de las labores de reconstrucción del puente, una tarea reservada a los varones. Cuentan los habitantes del lugar que la mujer atrae la q’encha, voz quechua para designar la mala suerte, lo que puede propiciar «percances» divinos durante ciertos rituales.

 

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